El Observatorio Económico del Trabajo Autónomo de UPTA España alerta de la profunda transformación que puede sufrir el mapa comercial de Cantabria durante la próxima década. A tenor de los datos disponibles y de mantenerse la evolución registrada en los últimos años, la comunidad podría perder más de 2.000 trabajadores autónomos del comercio hasta 2036.
El cambio ya está en marcha. Cantabria cerró 2021 con 9.033 trabajadores autónomos en comercio y reparación, mientras que al finalizar 2025 quedaban 8.181. En apenas cuatro años se han perdido 852 autónomos, un 9,4%.
La evolución es además más negativa que la registrada en el conjunto del país. En ese mismo periodo, España ha pasado de 772.234 a 716.637 autónomos del comercio, una reducción del 7,2%. La caída acumulada en Cantabria supera, por tanto, en más de dos puntos porcentuales la media nacional.
De mantenerse el ritmo observado durante estos años, Cantabria podría perder alrededor de 2.100 autónomos del comercio durante la próxima década, situándose en el entorno de los 6.000 afiliados en 2036. Para UPTA, las cifras anticipan un cambio estructural del modelo comercial cántabro con importantes consecuencias económicas, sociales y territoriales.
Cerca de la mitad del comercio autónomo está fuera de los grandes municipios
La estructura territorial de Cantabria hace especialmente preocupante esta evolución. Cerca de la mitad de los autónomos del comercio de la comunidad desarrollan su actividad fuera de los cinco municipios que superan los 25.000 habitantes: Santander, Torrelavega, Castro-Urdiales, Camargo y Piélagos.
Estos cinco municipios concentran alrededor de 4.144 autónomos del comercio, frente a un total autonómico de 8.181. Esto significa que aproximadamente la otra mitad del comercio autónomo cántabro se encuentra repartida por el resto del territorio.
Para UPTA, esta distribución convierte la pérdida de pequeños negocios en un problema que va mucho más allá de las cifras de afiliación. En numerosos municipios, el comercio de proximidad forma parte de la red básica de servicios de la población y su desaparición afecta directamente a la vida cotidiana de sus habitantes.
El riesgo es alimentar un círculo especialmente peligroso: menos comercio significa menos servicios; menos servicios reducen la calidad de vida y dificultan el mantenimiento de población; y la pérdida de habitantes disminuye, a su vez, las posibilidades de supervivencia de los negocios que permanecen abiertos.
La continuidad del pequeño comercio se convierte así en una cuestión directamente relacionada con el futuro económico y social de buena parte del territorio cántabro.
El pequeño comercio pierde terreno y los grandes operadores crecen
La situación de Cantabria se produce, además, dentro de una transformación mucho más amplia del modelo comercial español. Mientras España perdió 55.597 autónomos del comercio entre 2021 y 2025, las grandes estructuras comerciales continuaron aumentando su capacidad de venta.
La gran distribución alcanzó una facturación agregada superior a los 50.000 millones de euros, con un crecimiento del 4,75%, y sumó 222 nuevos establecimientos.
Paralelamente, el comercio electrónico en España ha pasado de superar los 57.700 millones de euros de facturación en 2021 a más de 114.800 millones en 2025. En apenas cuatro años, el canal digital prácticamente ha duplicado su volumen de negocio mientras desaparecían decenas de miles de trabajadores autónomos del comercio. El resultado es un mercado con menos pequeños operadores independientes y un peso cada vez mayor de las grandes estructuras comerciales y de los canales digitales.
Para UPTA, España no se enfrenta únicamente a la desaparición de miles de pequeños negocios. Está cambiando quién vende, dónde se vende y qué operadores concentran una parte cada vez mayor del mercado, una transformación que tiene especial incidencia en territorios como Cantabria por el peso que todavía conserva el pequeño comercio fuera de los principales núcleos urbanos.
UN MODELO COMERCIAL QUE TAMBIÉN HA CAMBIADO NUESTRAS CIUDADES
Durante las últimas décadas también se ha producido una profunda transformación del modelo comercial y urbanístico. La expansión de grandes complejos comerciales en las periferias ha concentrado en un mismo espacio comercio, restauración, ocio, entretenimiento y grandes zonas de aparcamiento, generando una enorme capacidad de atracción de consumidores.
Una parte importante de la actividad comercial y del ocio se ha desplazado así fuera de las calles y barrios tradicionales, mientras el pequeño comercio ha tenido que competir con estructuras capaces de concentrar prácticamente toda la experiencia de consumo en un único espacio.
A este proceso se suma ahora el fuerte crecimiento del comercio electrónico. El resultado es una competencia cada vez más intensa para miles de pequeños negocios independientes, tanto en los entornos urbanos como en los municipios de menor dimensión.
“Los datos son demoledores. Cantabria ya ha perdido más del 9% de sus autónomos del comercio en apenas cuatro años. Si no somos capaces de cambiar esta tendencia, podemos encontrarnos dentro de una década con más de 2.000 pequeños comerciantes menos. Durante años lo moderno fue llevar comercio, restauración y ocio a grandes complejos en las periferias. Creamos auténticos parques temáticos del consumo y vaciamos de actividad nuestras calles y barrios. Ahora estamos pagando las consecuencias.”
Eduardo Abad, Presidente de UPTA España.
Abad alerta especialmente de la dimensión territorial del problema: “En Cantabria, cerca de la mitad del comercio autónomo está fuera de los grandes municipios. Cuando cierra un comercio en un pueblo no desaparece únicamente un negocio, muchas veces desaparece también un servicio. No podemos hablar de mantener población y actividad en nuestros municipios mientras dejamos desaparecer la economía que los mantiene vivos. Esto sí debe ser una prioridad: salvar el comercio de nuestros barrios, de nuestras calles y de nuestros pueblos. Cantabria no puede resignarse a perder más de 2.000 autónomos del comercio durante la próxima década”.


